Porque se permite esas ofertas de empleo, mientras la tropa y oficiales formados siguen saliendo de los cuarteles.

Hablamos de hombres y mujeres que han entregado su juventud al Ejército. Personas que han pasado años formándose, trabajando en equipo, asumiendo responsabilidades, desempeñando funciones técnicas, sanitarias, logísticas, de mantenimiento, seguridad, emergencias y muchas otras. Personas que han participado en misiones en el extranjero, han trabajado en situaciones de presión y han estado al servicio de los ciudadanos cuando se les ha necesitado.
No estamos hablando simplemente de trabajadores que cambian de empleo. Estamos hablando de personas para las que la profesión militar ha sido una forma de vida.
Y, sin embargo, llega el momento de cumplir 45 años y, para muchos, todo eso parece dejar de tener valor.
Se ven obligados a salir de las Fuerzas Armadas, muchas veces después de haber pasado media vida vistiendo el uniforme, y comienzan una nueva etapa en unas condiciones que distan mucho de reconocer la verdadera dimensión de su trayectoria profesional.
La compensación económica que reciben puede convertirse en su principal sustento, pero una prestación económica no sustituye un proyecto profesional, ni devuelve los años de experiencia que se pierden, ni garantiza un futuro digno.
Y aquí aparece una contradicción que resulta difícil de comprender.
Por un lado, tenemos personal de tropa y marinería con años de experiencia, formación militar, conocimientos técnicos, experiencia internacional, disciplina, capacidad de adaptación y una trayectoria profesional contrastada, que se ve obligado a abandonar las Fuerzas Armadas al alcanzar los 45 años.
Por otro lado, se promueve la incorporación de Reservistas Voluntarios para cubrir determinadas necesidades y capacidades dentro de las Fuerzas Armadas, pudiendo estos desarrollar su vinculación con las Fuerzas Armadas durante muchos más años.
Que nadie interprete esto como un menosprecio hacia los Reservistas Voluntarios.
Los Reservistas Voluntarios cumplen una función importante y merecen todo nuestro respeto. El problema no son ellos. El problema es que el sistema permita que personas que ya han demostrado durante años su compromiso, experiencia y capacidad sean apartadas precisamente cuando han alcanzado una madurez profesional que debería constituir un valor y no un inconveniente.
¿Cómo se explica que alguien pueda ser considerado suficientemente válido para servir durante décadas y, de repente, al cumplir 45 años deje de serlo?
¿Cómo puede ser que una persona con años de experiencia militar tenga que empezar prácticamente de cero en el mercado laboral mientras se buscan nuevos perfiles para cubrir necesidades que, en muchos casos, podrían ser atendidas aprovechando el conocimiento de quienes ya han servido?
¿Dónde queda el reconocimiento a la experiencia?
El problema no debería plantearse como una competición entre reservistas voluntarios y reservistas de especial disponibilidad. Debería plantearse como una cuestión de aprovechamiento del talento, de justicia y de sentido común.
Si las Fuerzas Armadas necesitan determinadas capacidades, ¿por qué no se facilita de verdad que quienes han servido durante años puedan seguir aportándolas?
Si SAPROMIL pretende facilitar la transición profesional del personal militar al mercado laboral, debería existir una apuesta mucho más decidida por poner en valor la experiencia real de quienes abandonan las Fuerzas Armadas a los 45 años, y no limitarse a ofrecer mecanismos que, en demasiados casos, no consiguen evitar que profesionales perfectamente capacitados terminen fuera del mercado laboral o desempeñando trabajos muy por debajo de su cualificación.

Porque se permite esas ofertas de empleo mientras la tropa y oficiales formados siguen saliendo de los cuarteles.
Porque detrás de cada militar que llega a los 45 años hay una historia.
Y todo eso no debería desaparecer de un día para otro por cumplir una edad.
No pedimos privilegios.
No pedimos que se quite ninguna oportunidad a los Reservistas Voluntarios.
Pedimos algo mucho más sencillo: que se valore y se aproveche el talento de quienes ya han demostrado su compromiso durante años.
Pedimos que cumplir 45 años no se convierta automáticamente en una puerta de salida, sino en una oportunidad para aprovechar la experiencia acumulada.
Pedimos que las administraciones, el Ministerio de Defensa y los organismos responsables de la transición profesional sean capaces de encontrar soluciones reales para estas personas.
Porque España no puede permitirse formar durante décadas a profesionales, adquirir su experiencia, enviarlos a misiones y confiar en ellos en los momentos más difíciles para después decirles, al cumplir los 45:
«Hasta aquí. Ahora búscate la vida».
Eso no es aprovechar el talento.
Eso no es reconocer el sacrificio.
Y, sobre todo, eso no es cuidar a quienes durante años cuidaron de nosotros.
45 años no deberían significar el final de una vida profesional.
Deberían significar 45 años de experiencia, conocimiento y capacidades que España todavía puede y debe aprovechar.
Porque quienes han servido a nuestro país durante tantos años no son personal descartable.
Son profesionales. Son compañeros. Son parte de las Fuerzas Armadas. Y merecen algo más que nuestro agradecimiento cuando llega el momento de abandonar el uniforme.
Merecen una oportunidad.
Información :
Reservista de Especial Disponibilidad
Para cualquier duda o consulta dirigete al siguiente Email.
- reservistaminisdef@gmail.com