¿Mili para todos? El día que los RED salen a la calle y la política mira hacia otro lado.

¿Mili para todos? El día que los RED salen a la calle y la política mira hacia otro lado.
Hay una imagen que define la esquizofrenia de la Defensa en España. Es lunes por la mañana. En un polígono industrial, un tipo de 46 años con 18 años de servicio en la Legión o cualquiero otro cuerpo de las Fuerzas Armadas, se pone el mono azul y entra a trabajar en una fábrica o en una empresa de seguridad. Le llaman RED (Reservista de Especial Disponibilidad). El Estado le paga 749 euros al mes por si algún día le necesita.
Está preparado, disciplinado, es gratis mantenerlo en la reserva y cuesta millones formarlo.
Al mismo tiempo, en Bruselas, Alemania aprueba el envío de cuestionarios obligatorios a sus jóvenes. Francia paga 800 euros al mes a sus reclutas voluntarios. Bélgica ofrece 2.000. Y España mira sus zapatos y repite como un mantra: "La mili no vuelve". La pregunta no es si España debe tener mili o no. La pregunta es: ¿por qué a unos les exigimos sacrificio silencioso y a otros no se les pide ni un gesto?
El escaparate europeo: todos a una, menos uno.
Mientras España mantiene sus 130.000 efectivos profesionales —a los que el JEMAD califica cariñosamente como "Ejército Bonsái", muy bonito pero con capacidad solo del 10%—, Europa ha activado la alarma.
Lo que está ocurriendo al norte de los Pirineos no es un debate teórico. Es una movilización silenciosa:
- Alemania ha instaurado el "voluntariado forzoso": si no hay suficientes candidatos, habrá sorteo.
- Francia baraja cuatro escenarios de servicio nacional, incluyendo uno obligatorio.
- Bélgica ofrece 2.000 euros al mes por 12 meses de mili voluntaria, con el compromiso de pasar 10 años en la reserva.
- Los países nórdicos y bálticos ya tienen conscripción, hombres y mujeres.

Frente a esto, España ha adoptado una postura de negación elegante. La ministra Robles lo repite en cada comparecencia: "En España no habrá servicio militar obligatorio, en ningún caso”. Pedro Sánchez lo calificó directamente como "una pérdida de tiempo”.
¿Pérdida de tiempo? Habría que preguntárselo a los 10.696 RED que este 2026 cobran su prestación mientras buscan trabajo en la calle, formando parte de esa reserva silenciosa de la que nadie habla pero que Defensa paga puntualmente cada mes.
La paradoja RED: sois esenciales, pero sois invisibles
Aquí radica la gran contradicción del modelo español. Por un lado, el Estado ha construido una figura, la del Reservista de Especial Disponibilidad, que es estratégica y barata. Por 95,8 millones de euros anuales, España mantiene a más de 10.000 militares veteranos en situación de "estar disponibles”.
Son hombres y mujeres que han dado 18 o más años a las Fuerzas Armadas. Que han pasado por misiones internacionales. Que saben manejar estrés, liderazgo y presión. Y que, al salir a la calle, se encuentran con un problema: el mercado laboral no reconoce sus competencias y el propio Ministerio de Defensa admite que programas como SAPROMIL no funcionan.
El mensaje que reciben es brutalmente paradójico:
> Eres tan valioso que te pagamos 729 euros al mes durante 20 años para que no te pierdas del todo. Pero no lo bastante como para que te exijamos a los jóvenes que pasen por lo mismo que tú.
Argumentos para unos y para otros.
Los que dicen SÍ a la mili (o al menos a algo).
Los defensores del servicio obligatorio —que, según encuestas, rondan el 30-42% de la población— no hablan solo de guerra. Hablan de equidad intergeneracional. ¿Por qué una generación de españoles (la que hizo la mili hasta 2001) tuvo que dedicar un año de su vida a la Defensa Nacional y la generación actual no tiene ninguna contraprestación?
Alegan también preparación real. Como se ha visto en Ucrania, las guerras modernas no se ganan solo con drones y especialistas. Se ganan con miles de soldados en las trincheras. Y esos miles no salen de la nada: salen de una población que sabe mínimamente cómo reaccionar.
Y, por último, apelan a la cohesión social. Suiza, el país más neutral de Europa, mantiene la mili obligatoria. La neutralidad tiene un precio, y lo pagan todos.
Los que dicen NO: la memoria como trinchera.
Los detractores tienen un argumento de peso: la mili fue un mal trago. No solo por los "chascarrillos" o el "tiempo perdido". Fue un sistema profundamente injusto (con redenciones y sustituciones para ricos hasta 1912), que generó un rechazo masivo en los 90 y que colapsó por insumisión y objeción de conciencia.
Hoy, los críticos añaden razones técnicas:
- Ineficacia operativa: formar a un recluta en 6 u 8 meses para manejar sistemas complejos es imposible. El resultado sería un soldado mal pagado y peor formado.
- Coste económico: vestir, alojar e instruir a 200.000 jóvenes colapsaría unas infraestructuras que llevan 25 años dimensionadas para ejércitos pequeños.
- Salud mental: el impacto psicológico de una conscripción forzosa no es neutro. Hablamos de estrés, depresión y, en contextos extremos, TEPT.
El punto ciego del debate: los RED ya son la alternativa.
Y aquí llegamos al meollo que nadie quiere afrontar. El debate no debería ser "mili sí o mili no". Debería ser "¿por qué tenemos una reserva excelente y no la usamos como palanca?"
España tiene 10.696 RED, más 3.000 reservistas voluntarios. Es una fuerza de casi 14.000 personas con formación militar real, no con cuatro meses de instrucción. Son soldados que han estado en unidades operativas, no reclutas que pasaron una primavera en Cáceres.
El problema es que este modelo está infrautilizado y desmotivado. Como denuncian los propios afectados en sus foros, "Defensa no explica y Hacienda sí cobra”. Se quejan de que no hay planes de activación efectivos, de que la formación continua es testimonial y de que la bolsa de empleo es una red de favores entre compañeros por Telegram.
La propuesta incómoda: no más soldados, mejores reservas.
Expertos como César Pintado (CISDE) o Christian Villanueva (revista *Ejércitos*) llevan años señalando la solución intermedia: no hace falta traer de vuelta la mili; hace falta reformar en serio la reserva.
Esto implicaría:
1. Aumentar la retribución de tropa y marinería al menos un 30% para que sea atractivo quedarse, pero también para que salir no sea un drama económico.
2. Crear cupos de reserva con los mismos estándares que el personal profesional, no con titulitos de fin de semana.
3. Aprovechar a los RED como instructores o como apoyo en emergencias (protección civil, UME, catástrofes), pagándoles por activaciones reales, no por estar en una lista.
Bélgica ya ha entendido que el futuro no pasa por obligar, sino por incentivar: 2.000 euros al mes, 12 meses de formación y 10 años de disponibilidad. ¿Por qué España insiste en mantener a sus RED con 749 euros y sin misiones concretas?
En definitiva: el silencio es una decisión.
A los RED se les pide que estén disponibles. A la sociedad no se le pide nada. Esa asimetría es, a estas alturas, insostenible.
No se trata de nostalgia de la mili. Se trata de coherencia. Si el soldado que deja el Ejército a los 45 años es un activo estratégico, dejarlo abandonado a su suerte en el mercado laboral con 729 euros de "calle" no es estrategia: es desidia. Y si Europa entera se está replanteando la conscripción, negarse a debatir no es prudencia: es cerrar los ojos.

Quizá España no necesite recuperar las quintas. Pero desde luego necesita algo más que este silencio. Necesita responder a la pregunta que los RED se hacen cada mañana mientras entran a su trabajo civil: "Si tanto valgo para que me retengan, ¿por qué nadie pelea para que otros sigan mi camino?"
Una carrera militar DIGNA
Un salario ACORDE
M.P
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Reservista de Especial Disponibilidad
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